O bloco do sinal
Hay una encantadora locura en Carnaval, es como si por cuatro días liberaran de prejuicios, pesares, obligaciones y esquemas a todo el mundo, y le dieran vía libre para salir a la calle a saltar, a gritar, a jugar, a divertirse. Como cuando uno estaba en la escuela y sonaba la campana para salir al recreo y uno tiraba todo: cuadernos, libros, maletas, sacos, zapatos, y se lanzaba como loco al patio, a la cancha, a la arenera, a la zona de juegos. El carnaval es eso, de repente suena un pandero , una cuica , un pito, un tambor, y todo el mundo tira sus pesares, sus problemas, sus angustias, deudas, esquemas y sale a la calle, a jugar, a reírse, a bailar a gozarse la vida, sin cobrarse nada, sin cargar nada, sin guardarse nada. Vale tomarse fotos con todos, de todo, vale bailar solo en las esquinas, salir medio desnudo, disfrazado, de incógnito. Vale gritar, reír, burlarse de los demás, burlarse de uno mismo, vale sacar la lengua, cantar por la ventana, gritar en el bus, reinventa...