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O bloco do sinal

Hay una encantadora locura en Carnaval, es como si por cuatro días liberaran de prejuicios, pesares, obligaciones y esquemas a todo el mundo, y le dieran vía libre para salir a la calle a saltar, a gritar, a jugar, a divertirse. Como cuando uno estaba en la escuela y sonaba la campana para salir al recreo y uno tiraba todo: cuadernos, libros, maletas, sacos, zapatos, y se lanzaba como loco al patio, a la cancha, a la arenera, a la zona de juegos. El carnaval es eso, de repente suena un pandero , una cuica , un pito, un tambor, y todo el mundo tira sus pesares, sus problemas, sus angustias, deudas, esquemas y sale a la calle, a jugar, a reírse, a bailar a gozarse la vida, sin cobrarse nada, sin cargar nada, sin guardarse nada. Vale tomarse fotos con todos, de todo, vale bailar solo en las esquinas, salir medio desnudo, disfrazado, de incógnito. Vale gritar, reír, burlarse de los demás, burlarse de uno mismo, vale sacar la lengua, cantar por la ventana, gritar en el bus, reinventa...

El Sol Encendido de Rio

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Ah! cidade maravilhosa , encantadora, llena de una energía linda, de un brillo particular. Desde encima resplandece, impacta. Cientos de pequeñas luces titilantes, cercadas de oscuras montañas, abençoadas por aquel Cristo, y adornadas por el espejo de agua del Atlántico. Desde que se pone un pie en sus calles, se respira su aire y se huele su aroma, uno queda inmediatamente cautivado. Rio tiene algo que ninguna otra ciudad tiene, una belleza que sólo puede verse con los ojos cerrados y el corazón abierto y que deja marcas, de esas profundas, de las que es imposible librarse. Y aunque Rio es samba, es carnaval, es alegría, es playa, es corazón, estoy convencida que es el sol, ese Sol Encendido en Rio, el que hace que todo brille de una manera diferente. Y es que es fácil enamorarse de su color, de sus fuerza, de su nitidez. Siempre que aparece roba sonrisas, brillan los ojos, estremece. Nada como sus amaneceres, cuando brota en el horizonte, con esa tenue luz que entra por...