Segunda-feira, Abril 09, 2012

Bicho de sete cabeças

"Não tem dó no peito
Não tem jeito
Não tem ninguém que mereça
Não tem coração que esqueça
Não tem pé, não tem cabeça
Não dá pé, não é direito
Não foi nada
E você fez
Um Bicho de Sete Cabeças.."

Zé Ramalho


Você nasce, cresce, vive, vivencia
sofre, apreende, inventa uma vida, 
e enquanto vive você constrói, cria,
dá vida a um bicho de sete cabeças.

Cada pessoa vai pelo mundo carregando seu próprio bicho
tentando matar uma a uma as cabeças
que atentam com afogá-lo com se alimentar de você
de seus medos, de suas restrições, de suas penas, de suas dores.

E você luta, às vezes encontra formas simples de cortar as cabeças
de converter seu monstro num pequeno ser que não atenta, que não lhe tenta
E você quase acredita em que ele já não lhe afeta
Que nunca você foi de verdade amedrontado, asfixiado,
E até celebra por ter ganhado a guerra
Como se de verdade umas poucas batalhas resumissem tudo
Como se acabando o bicho
também se extinguissem os medos, penas e dores dos que ele se alimenta. 

Mas quando menos o espera,
ele acorda daquele adormecimento momentâneo
E volta agigantado, cheio de fúria, de fome,
e você que já o conhece e que já se conhece de novo se atormenta.
As simples formas de cortar as cabeças
já não fazem mais sentido
e ele que parece maior, mais forte
o devora, devagar, engolindo um a um seus órgãos
mastigando sem piedade sua calma, sua paciência, sua inocência.

E ainda que não tem pé, nem tem cabeça
Não dá pé, não é direito
Não foi nada
você desespera desiste, o deixa, o alimenta
e devagar, sem pressa
você se torna sem querer
no seu próprio bicho de sete cabeças
e não tem coração que esqueça.


Quinta-feira, Abril 05, 2012

Quando tudo da errado, mas de algum jeito da certo!


Comencé a dar clases de español desde hace unos 20 días en una escuela de idiomas, en el centro de Floripa, exactamente a 5,9 kilómetros desde mi casa. Conseguí el trabajo casi por casualidad, una de esas cosas que llegan justo cuando uno lo necesita, sin buscarla, sin esperarla y casi sin creerlo. Es una escuela personalizada, así que le doy clase a una persona a la vez. Tengo entre 5 y 6 alumnos por semana. Todos en primer nivel y con razones variadas para aprender. Antes dí clases de español a compañeros de la maestría, me pagaron revisando mis trabajos en portugués y con intercambios de música, películas, libros y buenísima energía. Pero ahora soy “formalmente” toda una profesora de español, preparo clases, calculo el ritmo y las particularidades de cada uno de mis alumnos, camino para la universidad escaneando mi cabeza, buscando música, poemas, cuentos, pensado que puedo usar para trabajar los pronombres, los posesivos, los verbos.

Claro, yo sé español, lo hablo, lo conozco, lo escribo, lo siento, lo vivo. Pero enseñarlo es otro rollo, porque vaya usted que habla tan bonito el español y explique que se usa MUY antes de adjetivos, participios que actúan como adjetivos, y antes de sustantivos adjetivados; y que se usa MUCHO para modificar el verbo, como adverbio, y que hay excepciones como Mucho mejor, mucho peor, mucho menor, mucho menos, mucho más, mucho antes y mucho después. ¡Só What!!!! Aunque eso si, yo sé sin sombra de dudas que se dice Muy difícil, y Mucha paciencia y no mucho rápido ni Mucho complicado ole!!

Así que le dedico un tiempo considerable a preparar mis clases, a aprehender un poco de español y a inventarme formas divertidas de compartir ese enredo. Entonces, esta personita aquí que se cree muy (¿o mucho?) profesora de español tiene que ir hasta el centro y volver casi todas las tardes para dar clases y regresa de noche a la casa, recorriendo 12 kilómetros par ir y volver. Es cerquita, pero el transporte en Floripa es terrible, caro y muy malo. Cada trayecto sale por 3 reales (3000 pesos), pero lo peor no es el dinero, sino tener que sufrir uno a uno los metros que separan mi casa del centro dentro de un bus lleno de gente, un bus que se demora horas en pasar y viendo cómo mi tiempo, mi paciencia y mi ánimo se va desquebrajando en tan solo 6 kilómetros.

Pero como le ley dice que si no le gusta, entonces mejor se reinventa, pues yo decidí cambiar. Me senté largas horas el fin de semana, preparé las clases y planee ir en bicicleta. Pero justo estos días mi bike, La Guerrera, se pinchó y de paso no tengo luces para andar de noche. Entonces decidí volver corriendo desde la escuela. ¡Si,  corriendo!. Al final son apenas 6 kilómetros. El problema es organizarse para no cargar nada, para correr cómodo, así que cambié mis faldas de verano por shorts de corrida, mi maleta por una riñonera y llevé mi material en una bolsa, con el plan de dejarlo todo en la escuela y devolverme cargando apenas lo estrictamente necesario. Sólo de cranearme el plan, ya me emocioné. Y así fue, me fui en bus, dí mis clases, y salí casi a las 9 de la noche lista para correr las calles, con buena música en el mp3 y una súper expectativa. Me gasté un poco menos de 40 minutos. Nada como ser parte del paisaje, como ver la vida sin vidrios de por medio y llegar a casa con las piernas cansadas y el espíritu alegre. PERFECTO.

De ahí en adelante decidí que nunca más iba a volver en bus a menos que fuera estrictamente necesario y que debía inventarme una manera de ir sin tener que usar el efectivísimo sistema de transporte público de la isla. Hoy volví decidida a casa, hice un lindo aviso y me paré en la calle esperando que uno de los tantos conductores que manejan sus carros con sus asientos vacíos, rumbo al centro, quisiera llevarme, al final el bus está repleto, es carísimo, y para en cada esquina, pero hay miles de asientos vacíos en cientos de carros que recorren el mismo camino que yo debo hacer para llegar a la escuela. Un alma caritativa con la mejor de las actitudes se burló de mi cartelito, me recogió y me llevó hasta el frente de la escuela en tan solo 12 minutos. MARAVILLOSO, ya había ganado mi día.


Pero cuando usted cree que todo salio bien las cosas empeoran. Mi embolatada (aunque fantástica) roomie, que ademas es mi compañera de trabajo “surtou” y decidió llevar TODO el material (que fríamente había preparado para salir triunfante de mis clases) de regreso a la casa, justo antes que yo llegara a la escuela (no me pregunten por qué, ni ella ni yo lo entendemos). Y de paso hoy le daba clases a mi alumno más avanzado, aquel que se sabe toda la (maldita) lección, que sabe más gramática que la Real Academia de la Lengua y que no logro “conquistar” ni con el más avanzado de mi repertorio literario-cinemato-poetico-musical. PUTZ!!!!

Como si fuera poco, el adelantado sujeto en cuestión, había decidido avanzar sólo en casa, con las 2 unidades siguientes del libro, y quería saber cosas altamente complicadas como cuáles eran los adjetivos invariables de género, los acentos diacríticos y de los hiatos. Mejor dicho estaba completamente jodida. Y de paso, ¡eran dos horas de clase! Muerte lenta.

Y sí, morí lentamente. Pobre mi alumno, él no tenía la culpa de mis planes corredores y mi decisión de no cargar el material de la casa para la escuela y de regreso, ni de la locura momentánea de mi compañera de casa que me dejó “en la calle”, ni de que en la escuela donde trabajo hayan decidido contratar una “nativa” que tiene que aprehender español para poder enseñarlo.

Mas Quando tudo da errado, de algum jeito da certo! Y bueno no pude más que reírme compulsivamente de toda la situación. Pues a pesar de todo ya me había ganado el día, y aún me queda esa sensación de pequeña felicidad por la carona y una sonrisa enorme por correr metro a metro los 6 kilómetros que me regresan a casa. Es que esas pequeñas felicidades de la vida son como buenos chocolates rellenos, uno se los come y la sensación queda por un tiempo largo, aún después de devorado se sigue sintiendo esa sensación dulce en la boca. Y si, a pesar de que tudo deu errado, aún siento que de alguma forma deu certo...y aún tengo esa sensación dulce en la boca!!!!

Segunda-feira, Março 19, 2012

Fica, não vai embora verão!!!

Grito pela janela, suplico, peço para ele ficar mais um pouco, ou melhor para ficar para sempre! Mas lá fora não há resposta, o sol escondido atrás das nuvens já olha para outras latitudes, e as praias, as festas, as tardes na rua e a vida de férias começam a se esconder atrás das obrigações, rotinas e preocupações. Fica mais um pouco sol de verão, alegria de verão, fica mais um pouco que não quero voltar à vida real, que quero continuar vivendo como se estivesse sempre de férias. Fica mais um pouco que preciso da tua aconchegante companhia, teus belos e cálidos amanheceres, tuas cores de fim de tarde, o cheiro gostoso da grama aquecida pelo teu sol radiante, as portas e janelas sempre abertas, e as cadeiras, as crianças e as pessoas no meio das ruas no começo da noite.

Ainda não estás tão longe e já estou com saudades de tua contagiante alegria, de todas as vezes que sem me perguntar me jogaste fora da casa, e me enviaste para a praia, convidando-me a tomar banho de mar, a tirar os sapatos e caminhar de pé no chão. De todas as vezes que sem avisar trouxeste tua chuva, essa linda e rápida que só tu sabes ter, essa que cai com força, refrescando tudo e que convida a tomar banho ainda vestido dançando no meio da rua.

Fica verão, aguarda mais um pouco antes de fugir para o norte, esquece esse teu caminho, quebra a tua rotina, faz o mesmo que tu faces com a gente, esquece que tens que cumprir com esse equinócio que amanhã te espera, pula esse dia, essa obrigação. Faz de conta que o tempo não passou, que esses três meses ainda não transcorreram, e que lá no norte ninguém te aguarda.

Saias, tomara-que-caia, decotes, vestidos, bermudas, havaianas e sandálias pedem para não ter que voltar às caixas, ao fundo dos armários. E as calças, os casacos e guarda-chuvas já caíram num sonho profundo do qual não querem ser acordados. Deixa eles seguirem dormindo! E fica mais um pouco pintando de escuro nossas peles e aclarando nossos cabelos expostos a teu sol.

Ah querido verão!!, como é que eu vou conseguir acordar sem teu calor intenso entrando pela minha janela bem de manhã e sem esses teus amanheceres cheios de pássaros, música e vento fresco? Como vou fazer para pedalar pela ilha sem esses teus céus azuis contrastados com esse verde intenso que deixas em todas as prantas e árvores de Floripa? Como vou fazer para caminhar de noite pelas ruas sem sentir essas tuas correntes de ar fresco que enfeitam sutis teu calorão?

Fica querido Verão! que já não lembro mais como era que podia viver sem ti, que já não sei quem eu sou no outono, o inverno me amedrenta e a primavera ainda está longe. Fica mais um pouco que não vou conseguir te esperar por nove meses, que se vais embora hoje não vou conseguir aguardar, e ainda tenho coisas que resolver aqui. Não vai embora verão!!! fica mais um pouco, espera e depois viajamos juntos para o norte, espera-me um pouco, espera por mim te parece?

Terça-feira, Março 13, 2012

Sobre apuestas y hojas al viento

Celebrar, conmemorar, hacer que en un día entren otros varios, que en un minúsculo momento quepan otros miles y que millones de recuerdos se rememoren para que valgan la pena. Hoy celebro haber llegado a Floripa, conmemoro que hace justamente dos años en medio de un soleado día de marzo, esta isla maravillosa me recibió con los brazos abiertos y el cielo azul. Me detengo un momento para recordar, para festejar y para agradecer por este tiempo, por todos estos aprehendizajes y por todo lo que la vida me ha regalado durante estos largos, cortos, intensos, bacanos, soleados, lluviosos, estudiosos, novedosos, alegres, esperanzadores y asombrosos dos años.

Y si el éxito se trata trazarse metas, de cumplir expectativas y tal vez superarlas, pues sin sombra de duda estos años han sido todo menos exitosos. Mis expectativas, mis planes, mis sueños, mis búsquedas, pensadas, anheladas, organizadas o intuidas antes de lanzarme a esta aventura, se esfumaron poco a poco, día a día, año tras año. Y tal vez esa ha sido la mayor ganancia y una de las mejores razones para levantar la copa y brindar.

Pues Floripa, Brasil, mi maestría, los amigos, los conocidos y desconocidos, y este tiempo y estos encuentros me fueron desarmando, quitando uno a uno los ases bajo la manga y dejándome desnuda, ligera, sin equipaje, sin lastre, como una hoja, que se eleva, se mueve, viaja y se dirige a donde la lleve el viento. Pues por primera vez desde que tengo conciencia de mi, siento que no tengo nada pensado, planeado, organizado, cuadrado. Por primera vez siento que si me caigo no seré como el gato que caé parado, y no me lanzo al vacío sólo cuando sé que tengo el paracaídas bien puesto. Y nada de eso fue voluntario o esperado, ni siquiera fui consciente de cuándo, cómo o por qué ocurrió, sólo sé que ahora que paro, respiro, me veo y pienso, sé y siento que así es, y recojo los hombros y con una sonrisa furtiva, que se me escapa entre el desconcierto y la picardía, digo... Pois é, fazer o que né?

En la academia, la maestría, la sociología, la situación no es muy diferente. Vine planeando estudiar más para saber más, para tener más cosas claras, para responder preguntas abiertas y diversas. ¡Ja! Parece un chiste, dos años de reencuentro con la academia, con el estudio y con la sociología me mostraron todo lo contrario. En cada clase, cada lectura, cada libro, cada discusión, cada nuevo autor, cada trabajo, cada articulo, hice un inventario detallado de lo que no sé y lo que no voy a saber. ¡Ahora no sé más, ahora se casi en detalle qué no se y cuánto me falta por saber! y lo peor, soy bien consciente de lo que jamás llegaré a saber. Y si de “aterrizajes” se trata, caí de barriga bien al inicio de mi estudio, pues noté que si quiero investigar no puedo mirarlo todo, quererlo todo, saberlo todo, sino totalmente al contrario, se trata de abrir bien los ojos para ver apenas un punto específico, no se trata de mirar para todas partes sino de encontrar un punto y saber mirarlo. Y como si fuera poco, de cada respuesta que encontré surgieron cientos de nuevas preguntas. ¡Salud por eso! 

Festejo entonces porque en estos dos años deje de saber quien soy y qué quiero y porque ahora me reinvento cada vez que puedo y me muevo al ritmo del viento. Y como diría un gran payaso amigo, vivir es como improvisar, e improvisar es como caminar hacia atrás, de espaldas, no hay manera de saber hacia donde se va, de conocer el camino, de saber que hay, de ver los huecos, sólo queda guiarse por lo que se puede ver, por lo que ya se pasó, y usar la intuición para intentar seguir sin caerse... y si uno se cae, pues bueno, respirar, darse cuenta que aún se sigue vivo, sacudirse la tierra, inventareate las raspaduras, las quebraduras, los machucones, respira profundo, reírse un poco de uno mismo, levantarse y seguir en la juega, aprendiendo cada vez más a predecir ese tipo de huecos, de saber como evitarlos, y si toca, de saber caer, con estilo o sin él, pero de caer y levantarse.

Después de estos dos años sin grandes planes, sin saber bien para donde voy y sin preocuparme por eso, sin duda me la juego, apuesto, me lanzo por la ventana y ni lo pienso, pues aunque ya no sé quién soy ni qué quiero, sé lo que fui y a quienes quiero y por eso apuesto. Lo apuesto todo y asumo los riesgos, pues a estas alturas del partido, en que estos años y este tiempo me libraron de casi todo, me vaciaron y me botaron en el viento, sé como dirían las 1280 Almas que “la vida no vale nada si no te la haz jugado” y yo ahora me la juego, la apuesto.

No me mal interpreten no pienso como León de Greif, no “juego mi vida, cambio mi vida, de todos modos la llevo perdida...”, todo lo contrario, la juego, la apuesto en cada movimiento, a cada partida, en cada esquina, lo pongo todo, lo entrego todo, pues aunque ya casi nada tengo, me quedan las ganas, la sonrisa, el deseo y el corazón abierto y atento, y eso justamente, eso es lo que apuesto. Pongo toda la confianza y mis ganas y mi Yo entero, a lo que venga, a lo que me traiga y a donde me lleve el viento, pues aunque se que hay riesgos, estos dos años, me enseñaron que no hay nada más arriesgado que vivir cada día y que “uno no es lo que tiene si no lo que da” y brindo con sonrisas y celebro, porque después de estos 24 exactos meses en la ilha da magia y en esta aventura llamada maestría, aquí estoy sonriente y expectante entregándome en cada nueva apuesta y dejándome llevar por el viento.

Brindo porque mis planes no “dieron cierto”, porque ya no tengo un rumbo certero y por todas y todos los que en estos tiempos me demostraron que vale la pena probar, experimentar y jugar a lo incierto, caminando como improvisando hacia atrás, sabiendo quien fui y a quienes quiero. ¡¡¡Salud por todo eso!!!

Quarta-feira, Março 07, 2012

O bloco do sinal


Hay una encantadora locura en Carnaval, es como si por cuatro días liberaran de prejuicios, pesares, obligaciones y esquemas a todo el mundo, y le dieran vía libre para salir a la calle a saltar, a gritar, a jugar, a divertirse. Como cuando uno estaba en la escuela y sonaba la campana para salir al recreo y uno tiraba todo: cuadernos, libros, maletas, sacos, zapatos, y se lanzaba como loco al patio, a la cancha, a la arenera, a la zona de juegos. El carnaval es eso, de repente suena un pandero, una cuica, un pito, un tambor, y todo el mundo tira sus pesares, sus problemas, sus angustias, deudas, esquemas y sale a la calle, a jugar, a reírse, a bailar a gozarse la vida, sin cobrarse nada, sin cargar nada, sin guardarse nada. Vale tomarse fotos con todos, de todo, vale bailar solo en las esquinas, salir medio desnudo, disfrazado, de incógnito. Vale gritar, reír, burlarse de los demás, burlarse de uno mismo, vale sacar la lengua, cantar por la ventana, gritar en el bus, reinventarse, remediarse, sentirse otro, sentirse uno mismo. Y solo una regla de juego “todo vale, pues es carnaval”.

Y no es O Samba Enredo vibrando al unisono con el poder de la bateria de las escuelas de samba, ni las garotas despampanantes revolando sobre sus saltos enormes y con sus piernas y bundas perfectas, ni los blocos de rua que salen por las calles con zancos, músicas, disfraces, sonidos y muñecos, ni la desbordante belleza y magia de la avenida llena de desfiles, las que le dan vida y alma al Carnaval. No, ¡definitivamente no!. La esencia del carnaval fluye por entre la locura colectiva que se disfraza, se inventa, se pinta, se burla, baila y se divierte en cualquier esquina. Es esa fuerza, esa intensidad, esa pulsación destellante que se nutre de la buena vibra de todos los que pisan las calles de Rio en pleno Carnaval, la que lo hace único y apasionante. ¿Quieren pruebas?

Martes de Carnaval, Lapa, esquina de la avenida Gomes Freire con la Rua Riachuelo, un semáforo sobre una calle de un sólo sentido con dos carriles pequeños, fin de la tarde en Rio de Janeiro. Por entre los edificios antiguos con sus grandes ventanas y balcones se escapan algunos rayos brillantes del sol que se esconde a lo lejos en algún lugar entre la montañas y la playa. Todavía hay horario de verano y no es fácil saber la hora, pero ¿a quién le importa?, aún hay tiempo para “curtir mais um pouco o carnaval”. El semáforo se pone en verde, los carros pasan despacio, camiones, motos, buses. De lado y lado de la calle sobre el anden 30, 40, 50 personas, algunas disfrazadas, con pelucas, sombreros, flores, colores. Sonrientes y expectantes, miran la calle, miran los carros, miran el semáforo atentas. Antes de que cambie la luz se lanza a la calle como un clavadista desde lo alto, un mimo vestido de negro y pintado de blanco, agita las manos, brinca, llama a todos pitando intermitentemente.

Cambia el semáforo, paran los carros. La música que surge desde el bar Gargalo que queda justo al frente, se vuelve más intensa, samba, axé, MPB, un poco de todo bien animado. La gente se precipita a la cebra, ahí al frente de los carros bajo el semáforo, se riegan, se desparraman como las cosas embutidas en un mueble cuando la puerta se abre de repente. Saltan, bailan gritan, sonríen, cantan, se estrellan, se abrazan, se encuentran, ríen de nuevo, samban. Se toman la calle como si les perteneciera profundamente, como si los carros la hubieran secuestrado por mucho tiempo y por fin fuera liberada. La música acelera, la energía retumba, todo casi que explota, y justo ahí cambia el semáforo. La luz roja se pone verde, la gente se recoge de nuevo, se guarda en los andenes, respira, comenta, ríe, mira atenta. Los carros pasan despacio, buses, carros, camiones, motos. La música disminuye, todo se calma por algunos minutos. Y de repente la luz cambia de nuevo, el mimo se precipita, los carros paran, la gente se lanza a la calle, y así pasan los minutos, las horas y ahí en una calle cualquiera en Rio, en una esquina en Lapa, en un semáforo, en una cebra, hierve el espíritu del Carnaval, burbujea, ebulle, retumba, se siente, se contagia, se impregna, se vive.

Esa es la esencia de Carnaval, lo que lo alimenta, lo que le da sentido, no se necesita dinero por montones, ni miles de plumas y brillantes de fantasía, ni cuerpos fantásticos, ni samba no pé avanzado, ni famosos, ni estrellas, ni altos tacones, ni cámaras, ni propagandas para armarse un tremendo carnaval, apenas una calle, una esquina, un atardecer, un semáforo, un poco de música, cientos de miles de sonrisas, ganas, buena energía y una fantástica dosis de locura colectiva y listo, felicidad al ritmo de un semáforo. Sin duda el mejor Bloco de Carnaval, ¡¡¡O Bloco do Sinal!!!.



Sábado, Março 03, 2012

El Sol Encendido de Rio



Ah! cidade maravilhosa, encantadora, llena de una energía linda, de un brillo particular. Desde encima resplandece, impacta. Cientos de pequeñas luces titilantes, cercadas de oscuras montañas, abençoadas por aquel Cristo, y adornadas por el espejo de agua del Atlántico. Desde que se pone un pie en sus calles, se respira su aire y se huele su aroma, uno queda inmediatamente cautivado. Rio tiene algo que ninguna otra ciudad tiene, una belleza que sólo puede verse con los ojos cerrados y el corazón abierto y que deja marcas, de esas profundas, de las que es imposible librarse.

Y aunque Rio es samba, es carnaval, es alegría, es playa, es corazón, estoy convencida que es el sol, ese Sol Encendido en Rio, el que hace que todo brille de una manera diferente. Y es que es fácil enamorarse de su color, de sus fuerza, de su nitidez. Siempre que aparece roba sonrisas, brillan los ojos, estremece. Nada como sus amaneceres, cuando brota en el horizonte, con esa tenue luz que entra por la ventana o que se cola entre las cortinas. Ese sol hace que todo se vea mucho más claro, transparente, libre. Si no fuera por él, Ipanema, Copacabana, Lapa, Santa Teresa, Barra, ni si quiera la avenida, la del Sambodromo, en pleno carnaval tendrían ese particular encanto, que hace de Rio la Ciudad Maravillosa.

Con ese sol, solo se puede andar de falda y tomara que caia dejando que su calor recorra el cuerpo y que la piel quede marcada, y aunque esas huellas desaparecen con los días, las de adentro, esas que se instalan en algún lugar entre el pecho y el recuerdo, quedan ahí bien aferradas. Y con él nada mejor que una cerveza a la orilla del mar, en la baranda de un balcón en Barra, en un bar en Lapa, sentada en un anden en Santa Teresa, en medio de un bloco de carnaval, o “puestas” entre un carro recorriendo las calles, dejando que unos de sus rayos se posen en las piernas y calienten el espíritu.

Siempre con mas de 40 grados, un calor danado y cuando más arde, deja todo sudado, siempre escurriendo. Pero es ese calor el que abriga, el que invita a quedarse, el que enciende las luces de los rincones de uno y de Rio. Y el Carnaval no sería pura fiesta y una locura explosiva sin ese Sol Encendido, que hace que se termine danzando aquí, saltando allá, enloqueciéndose y riéndose sin parar, que hace que las fotos queden perfectas, que las fantasías de los Blocos de Rua y los detalles de los Carros Alegóricos queden con exactas proporciones de luz y de color, que incita “caretas no retrato” y que encuentra los ángulos definidos, las posiciones perfectas y las forma detalladas en los cuerpos que van y vienen movidos a su ritmo.

Y si los ojos se ponen claros y los rostros brillan frente al Cristo Redentor, o las lágrimas desbordan el límite de los ojos y recorren la cara mientras abajo desfilan cientos de Alas llenas de fantasía y retumba la bateria, no se debe a nada más que al calor, que impregna. Porque sin quererlo encuentra los puntos exactos, esos que hacen que uno se estremezca, que la piel se erice que todo el cuerpo trema. Al final ese sol, así brillante deja todo con una luz linda, nítida, clara, limpiando las nubes, y azulando el cielo, haciendo que Rio se vea aún más encantador, y la vida sea más divertida, pues al final bajo su efecto no hay como dejar de pensar que nada tiene sentido si no es compartido.


Aunque no diera cierto


Risas, estremecimientos, sonrisas, buenas energías

Inesperados encuentros,

Abrazos desinteresados con dulces olores

Y una sensación de algo inconcluso, de algo que quedo pendiente.

Fácil perderse entre su energía inagotable, esa que encanta hechiceras y dragones

De esa que atrapa desapercibidos observadores.

No duda, no piensa mucho, actua sin planear, sin recuar

Sin coartar nada, sin arrepentirse, sin pensarlo dos veces

Y en sus ojos un poco de picardía, de niño pequeño

Que hace las cosas sin inhibiciones, sin resentimientos,

Con todos los sentidos aquí y ahora

Sin importar la hora, el color o la forma.

Soplidos, golpidos, mordiscos, trillidos, queijidos.

Impulsivo, receptivo, fuerte, sonriente, bobo.

Y si me preguntan no puedo decir nada con sentido

Hace tiempo me perdí entre su sinsentido

Entre esa medio locura contagiante,

Hace tiempo me olvide de pesares y obligaciones

Deleitándome entre aquellas tres pecas,

Y entre esas encaracoladas formas de ángel.

De su falta de senso y de filtro

Me reí y me extasié sinceramente

Pues me encontré con un gran demente

Que se alimenta de la vida, de la insensatez y de los extremos.

Y si me preguntan nunca supe de su malandragem

De sus salidas estratégicas

De sus pasadas sin pagar peaje.

De su rencor, de su indignación y de esa historia trágica

que carga, que lleva, que recrea tampoco se nada,

y a aunque a veces creo innecesaria

le pertenecen como pertenece el sol a la tierra o la marea al viento.

Anda esperando una respuesta del destino

Una salida apoteósica, un final estratégico

Como si la vida tuviera finales felices, como de cine, como de cuentos.

Y aunque la mayor parte del tiempo estoy segura no,

Me sonrío pensando que seria encantador que diera cierto.


Quinta-feira, Fevereiro 09, 2012

Correr, disertar y nadar


Aún no ha amanecido pero el canto insistente de los “bem-te-vi” me avisan que pronto el sol aparecerá en el horizonte, tengo sueño, pero la calle me llama a la distancia. Espero que la primera linea de luz atraviese mi ventana y me pongo en pie como quien es “llamado al deber”. Me visto de atleta, amarro los tenis, enciendo el mp3 y salgo a la calle sin una sombra de duda. Afuera el aire es fresco, adentro la casa parece un infierno. En verano el termómetro empieza desde 28 grados y no hay ventilador que pueda con eso.

La mañana, antes que el sol aparezca, es un momento apacible, todo parece más silencioso, hay pocos carros en las vías y un olor a fresco, como de hierbabuena recién cortada, va y viene con la brisa. Cuando me acerco a la Bahía Sur me siento de repente corriendo entre un sueño, la “maresia”, esa nube de aire salado que se levanta desde el mar, nubla todo, dejando el mundo confuso, borroso, difuminado, medio disperso.

Corro despacio, sin ningún objetivo, sin ninguna pretensión, solo corro. Dejo que un paso secunde el otro como un minuto al siguiente. Siempre que despierto tengo alguna sensación amarrada por dentro, algo que se quedo atrapado de alguno de los sueños, o de una idea fugaz que pasó mientras dormía. Y mientras corro ese hálito de pensamiento preso va saliendo, vaciándome, dejando el espacio libre para ser llenado de nuevo con cualquier cosa. Pensamientos van y vienen, ideas llegan y se van, sensaciones pasan, nada se queda, soy como un recipiente que va regando por la acera todo su contenido. Vuelvo a la casa sudada, con el cuerpo cansado y la mente alerta, como si me hubieran encendido por dentro. Escucho, huelo, veo, siento, soy un ser vivo, apenas existiendo.

Desayuno al sol, haciendo fotosíntesis y empiezo a llenarme a sorbos de pensamientos, ideas, teorías, historias y otros cuentos. Justo entonces, sin más preámbulo retomo una antigua charla con una vieja amiga, mi tesis. Hay días en que me lleva “en la buena”, me susurra brillantes ideas, me deja recorrerla con palabras sinceras. Parecemos dos amantes en pleno apogeo, no hay incómodos silencios, ni temas tediosos o palabras de sobra. Pero hay momentos en que no me soporta. Me grita, me escupe, no me deja decirle nada, le asquean mis ideas, no tolera mis palabras. Me acerco sigilosa, le corrijo un punto, una coma. Le hablo son dulzura, le sonrío y le muestro mi mejor cara, pero ella me empuja, me tira, no me aguanta cerca. La comprendo, no lucho más con ella, le doy un tiempo. Voy, vengo. Hago el almuerzo y almuerzo. Miro al techo. Escucho música, lavo ropa, hago pan, dibujo, me preparo un café, no desespero.

Al rato vuelvo como quien se olvidó de alguna cosa y quiere recogerla. La miro de reojo, bajo un poco la cabeza, y le pregunto si de verdad me quiere cerca, la chantajeo, le digo que si le parece la dejo tranquila, sola, sin compañía, que mejor me voy a la playa, a la fiesta o a buscar otra vida. Eso siempre la conmueve, y me deja volver a ella, a veces reticente, a veces indiferente. La retoco por aquí, le cambio el orden por acá, reviso sus formas y sus detalles, y así poco a poco vuelvo a charlar con ella, volvemos a ser como dos viejas amigas que se encuentran tras una larga ausencia. Y las palabras se despliegan por montones como las notas juntas de todos los instrumentos de un gran concierto, de una sinfonía, de una obra extensa de una orquesta.

Al final del día, tarde en la noche, con el silencio de la calle y el cansancio de la faena, la escucho y la escucho pero no la entiendo, habla palabras extrañas, con teorías indescifrables, es totalmente incoherente, me saca de quicio. La detesto. Es repetitiva, ya me se toda su carreta. No me engaña, no me sorprende, no me interesa. Me levanto con miedo, temo estar perdiendo el tiempo. Me angustia cansarme definitivamente de ella y que no me queden más alientos para aguantarla, para escucharla, para charlar con ella.

Huyo. Recojo mi cansancio, las sobras de lo que en algún momento fueron “grandes” ideas y me escabullo casi sin alientos hasta la piscina. Cargo conmigo un enorme peso. Soy como un caracol ermitaño con un caparazón nuevo, ando despacio, estoy medio perdida, no escucho, no veo nada, no me siento. Caigo en el agua, como cae una roca inmensa en un pozo profundo. Y me deslizo de a pocos entre su azulado brillo. Respiro, pataleo, braceo y respiro de nuevo. Cada vez que regreso a la orilla peso un poco menos, como si me deshiciera en pequeñas partículas de agua, como si todo mi cuerpo lloviera de a poquitos. Y en cada gota que voy dejando allí, se quedan los restos de mi día, los chunchos de mi elocuencia, o mi demencia, ya no puedo diferenciarlas. No me vacío, me deshago despacito como un hielo sobre la mano en pleno verano. Y justo cuando ya no soy nada, vuelvo a casa a reencontrarme conmigo en mis sueños.

Y así pasan mis días, corriendo, disertando y nadando. Hasta que en algún momento no tenga nada más que hablarle a mi tesis y ella se canse, se revele y busque otros ojos que la lean, otras ideas que la encanten y otras fuerzas que la hagan sentir viva. Y así yo, sin nada más que hacer, al fin pueda salir a buscarme una nueva vida.